La importancia de la música en la danza consciente

Si buscamos en lo más profundo de nosotros una explicación sobre lo que somos, si intentamos explicarlo desde el plano físico y cogemos un trozo de materia y la observamos en un microscopio lo que veremos será un montón de pequeñísimas partículas en movimiento, danzando en el espacio. Si vamos un poco más allá y a esas partículas las dividimos en subpartículas, y volvemos a observar lo que seguiremos viendo será más espacio y más protones, quarks o positrones en su danza infinita de la vida.

Somos pura vibración.

Todo lo que existe es un conjunto de espacio y una danza de partículas en movimiento.

Dice Carlos Freeman en el sonido, el ritmo y la conciencia que “Todo se disuelve en formas y vacíos, en pautas y estructuras. Una de las funciones del ritmo en nuestro organismo es la integración de sus distintas partes y la armonización con los pulsos exteriores.

Ejecutamos una continua música en nuestra vida y por una tendencia innata, tendemos a la consonancia en contra de un desorden disonante. Nuestra orquesta cerebral, cuando actúa afinada, nos proporciona la conexión de nuestros pensamientos y actos con la ley gravitatoria terrestre y con el equilibrio como estructura unitaria expansiva de la Conciencia, a través del sistema vestibular.”

Nuestro cuerpo responde íntegramente a las vibraciones a las que es expuesto.

El sonido, además, tiene la capacidad de modificar nuestras ondas cerebrales, ayudándonos a entrar en otros niveles de conciencia, que nos ponen en contacto con nuestra naturaleza energética donde se manifiestan posibles los estados de auto-sanación. Incluso aunque no podamos escuchar ciertas frecuencias que están fuera de nuestro campo auditivo, podemos resonar con ellas. Nuestro cuerpo responde a ellas.

Patrik Nils Juslin, neurocientífico e investigador, explica cómo la información recogida por el oído en forma de sonido forma parte de los estratos más básicos de nuestro cerebro.

“El oído es nuestro sentido más emocionalmente poderoso, mucho más que la vista porque es el primero que utilizamos en el claustro materno. Los sonidos son nuestro primer contacto con el mundo exterior. Aprendemos a escuchar antes de nacer y de ver, oler o tocar por primera vez. Cuando la madre oye una melodía que le produce emociones segrega sustancias que nos afectan ya en el claustro materno, así aprendemos a reaccionar al oír cualquier sonido externo. Se puede tener un oído excelente, incluso oído absoluto (la capacidad de identificar una nota sólo por su sonido), y padecer amusia. La discapacidad neuronal que impide conectar la música con las emociones.

El oído es la mayor fuente de emociones para el ser humano. Tiene mayor poder asociativo, empático o sugestivo que la imagen, el gusto o el tacto. Si usted oye una melodía cuando ve a sus mejores amigos, volverá a sentir emociones positivas cuando la oiga, aunque no estén.”

En nuestras sesiones de Talleres BE el sonido es estructurado tomando como base la premisa de que la energía que contiene cada nota tiene el poder de cambiar la frecuencia de vibración de los objetos. Nuestras sesiones están orientadas a facilitar una auto-regulación corporal a través de la sintonización de nuestra materia con la vibración armónica.

Al trabajar con la armonía nuestro cuerpo reorganiza la información y libera todos aquellos bloqueos, recuerdos y experiencias que han permanecido configurados como memoria corporal y que han creado determinados automatismos de respuesta en nuestro cerebro. A través de la sesión creamos un nuevo registro de información que permite progresivamente ir liberando diferentes estratos corporales, energéticos y de la memoria para vibrar de forma más equilibrada y agradable para todo nuestro ser.

Pero lo cierto es que lo más importante en la danza consciente  no es la música ni el trabajo con los chakras. Creo que lo que lo hace especial es la presencia del facilitador. Es la forma y el sitio desde donde se facilita, la forma de tejer y tocar la energía que tienen los facilitadores de cualquier dinámica, ya sea yoga o danza.

El verdadero valor de la danza consciente no es la música sino la experiencia puramente energética. Dependiendo de quién facilita la terapia, se experimentará una cosa u otra. Es cierto que hay una estructura musical y un objetivo pero sobre todo hay una intención del facilitador o persona que construye la clase o sesión. Eso es lo que hace que el trabajo energético vaya hacia una dirección u otra, es la experiencia y la transmisión de su propia experiencia en el momento se dan los talleres.

Así que, la única forma de explicar esta danza es viviéndola. No se puede documentar ni paquetizar, es algo totalmente individual y personal. No hay dos experiencias iguales.

Yamila Mercado.

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